Historias del Castillo de Olloqui, 1. Un campamento movidito

Como ya recordaréis un niño llamado Javier descubrió un castillo encantado en un pueblo llamado Olloqui.

Un día que se acercaban las vacaciones de Navidad la tutora de Javier y de sus amigos, llamada Izaskun, anunció tres días de colegio antes de las Navidades que haríamos un campamento a un castillo situado en un pueblo que se llamaba Olloqui. Todo el mundo se puso a gritar viva, no más cole, no más cole. Izaskun no aguantó más tal barullo y gritó: al próximo que le oiga una sola palabra se quita las tres estrellas y no va al campamento.

-¿Y si sólo tiene dos estrellas?, preguntó alguien al fondo de la clase.

-Pues le pongo tres partes contestó Izaskun. Todo el mundo se estremeció.

Se acabó el viernes y a todo el mundo se le pasó el fin de semana volando.

El lunes todos estábamos preparados para el campamento, nos montamos en el autobús y esperamos llegar.

-Izaskun dijo: se me había olvidado deciros que los profesores que nos van a acompañar serán Víctor, Loli y Ana Olaso, Jon no podía.

Todo el mundo se instaló en el castillo, a los chicos les había tocado de profesor Víctor y a las chicas las demás profesoras así que los chicos podrían hacer de las suyas ya que estaban menos vigilados.

Javier les contó a los chicos que una vez estuvo allí y parecía que el castillo estuviese encantado. Los chicos decidieron que esa misma noche irían a ver parte del castillo. Llegó la hora  de la comida y las chicas se fijaron que los chicos no paraban de cuchichear y María García les había oído a los chicos decir que esa noche iban a ver el resto del castillo. Tanto las chicas como los chicos estaban impacientes porque llegara la noche.

Después de la comida los chicos se fueron a sus tiendas de campaña para preparar armas por si acaso veían espectros. Luego, sin que les viese nadie, fueron a coger piedras para los tirachinas que habían preparado. Al fin llegó la hora de cenar, todos los chicos se comieron la cena en un pispás. Le esperaron a Víctor y luego a que se durmiera, eran las doce de la noche. Salieron todos de las tiendas de campaña con sus linternas, tirachinas y piedras. Se metieron por el primer pasadizo que encontraron y vieron en unas piedras que ponían los nombres de sus profesoras. Mientras tanto, las chicas estaban espiándoles, pero vosotros creeréis que los chicos eran tontos. Asier había oído la voz de Marta y Lucía, cogió su tirachinas lo cargó y les apuntó a algunas de las chicas, eso alertó a los demás chicos que siguieron los mismos pasos que Asier y cuando todos iban a disparar Alex y Álvaro cayeron por una trampilla. Todos gritaban qué hacemos, qué hacemos hasta que Eneko recuerda que tenía una cuerda en su tienda de campaña. Fue sigilosamente con Javier Larequi hasta ella para no despertar a Víctor. Rápidamente regresaron con la cuerda y la tiraron donde estaban Álvaro y Alex y con ayuda de todos los compañeros consiguieron sacarles.

-Bueno, dijo Daniel, creo que ya nos han pasado bastantes cosas por hoy, vámonos. Todos se fueron a la cama.

A la mañana siguiente David se levantó para ir al baño, pasó por la habitación de las profesoras y les oyó decir que el pasadizo hb2 ya no era seguro. Corriendo, volvió para contarles a los demás lo que había oído.

-Jorge dijo que en algún sitio había visto eso pero que no recordaba dónde.

-Javier Jiménez dijo que eso de hb2 lo ha visto en los lápices, como todo el mundo.

Jorge antes de ir a desayunar por fin lo recuerda, lo había visto en la clase de Loli.

En el desayuno todos los chicos hablaban sobre lo del pasadizo y todos tenían una idea sobre ello, como la de Carlos de que  igual el pasadizo hb2 era una cosa rara en francés. Algunos chicos dijeron que lo que saben hay que contárselo a las chicas para poder resolver el caso antes, así que se lo contaron. Decidieron que después de desayunar preguntarían a la gente del pueblo cosas sobre el castillo y que a la media hora todos estarían en la puerta del castillo. Pasó media hora después de desayunar y todos y todas estaban en la puerta del castillo. Los únicos que habían sacado algo eran Gracia y Mikel Martinicorena. Mikel había averiguado que hacía 100 años se escondía en el castillo el tataranieto de un miembro de la tabla redonda. Gracia había averiguado que a éste le encantaba poner trampas a quien se adentrara en su castillo.

A la hora de comer todos entendían lo que les había pasado a Álvaro y a Alex. De comida había pollo y sopa. Javier Esain había visto a Ana echar un especie de veneno a su sopa así que se lo contó  a sus amigos y, claro, no se la tomó. A Víctor le había gustado mucho su plato de sopa así que se tomó también la de Javier. Víctor va con los chicos a su tienda de campaña y a la media hora está vomitando y gritando ¡qué asco de sopa! Víctor se volvió a Pamplona porque no podía aguantar sus dolores de estómago y para vigilar a los chicos se ofrece un señor del pueblo de mala pinta.

En la cena todo estaba tranquilo. Los chicos estaban cansados así que acabaron rápidamente. Ya se estaban metiendo en la cama cuando a Mikel Ibilcieta se le ocurrió una idea: meterse en el correo electrónico del portátil de su nuevo vigilante, que les daba mala espina y además no estaba. El vigilante tenía un correo en el que ponía: ocúpate de los niños que se alojan en el castillo. Con miedo volvieron a sus camas.

A la mañana siguiente Oscar se levanta un poco mareado. Se acordaba que había tenido un sueño horrible pero no conseguía recordar lo que había soñado. Pero después de desayunar recuperó la memoria y les contó el sueño a sus compañeros en el que el vigilante les llevaba por unos pasadizos hasta un laboratorio donde le intentaban meter droga  por la boca para que se volviese loco. El resto de la mañana estuvieron jugando a fútbol. Iba ganando el equipo de Pablo y de María Gonzalo.

Llegó la hora de la comida. Todos estaban de acuerdo en que desmantelarían esa banda de narcotraficantes del sueño de Oscar pero no sabían cómo. Hasta que a Cristina, Saioa y Alicia se les ocurrió que Oscar les podía guiar hasta el laboratorio de su sueño. Toda la pandilla cogió sus cámaras, tirachinas y piedras y Oscar les guió hasta el laboratorio donde sacaron fotos de la droga. Los chicos llamaron a la policía, les enseñaron las pruebas, les llevaron al laboratorio y los polis detuvo a la banda. Y además descubrieron que las profesoras estaban siendo manipuladas. Todo eran coincidencias.

Al siguiente día todos se fueron en el autobús saliendo en la portada de todos los periódicos.

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