Semblanza de Ignacio Larequi

El pasado lunes, 5 de diciembre de 2016, mi familia y yo, Javier Larequi, despedimos a mi abuelo Ignacio, que falleció tres días antes. A continuación os dejo una semblanza que hice y que leí, junto a mi prima Leyre Agudo, en su funeral para homenajear su gran trayectoria como padre, hermano, esposo, abuelo, tío, cristiano y profesional a lo largo de sus 89 años de vida.

Hola abuelo:

El pasado viernes nos abandonaste y, aunque es cierto que en los últimos años nos has ido dejando poco a poco, la pérdida de la memoria nunca ha significado la pérdida del buen humor, de los latinajos y de los saludos en inglés.

San Ignacio te trajo al mundo y, con muy pocas horas de diferencia, casi podemos decir que San Francisco Javier te ha separado de nosotros. Pero para ti, para todos nosotros y sobre todo para tu esposa, nuestra abuela Margarita, nadie mejor que San Francisco Javier.

Has sido una persona muy trabajadora, has recorrido todos y cada uno de los pueblos de Navarra y ahora nos toca a nosotros seguir recorriéndolos con el mismo amor que tú profesaste a esta tierra. Siempre pluriempleado, has sido cobrador de arbitrios, profesor de francés, funcionario de Turismo, fotografiado los parajes más bonitos de Navarra como podemos ver en la Servicial, donde tantos cafés has tomado, has trabajado en el Ayuntamiento, en la Diputación y en la Escuela Oficial de Idiomas.

No creo que hubiese muchos que, como tú, fuesen capaces de hablar francés, inglés y latín en Pamplona con setenta años. Y aún menos los que a tu edad se atreviesen con el ordenador. Tú lo hiciste con el único interés de preparar partituras para el coro de San Miguel, en la parroquia que has querido que te despidamos, y también para el coro de Cristo Rey, sin esperar nada a cambio. Como tu hermana Aurelia siempre ha dicho, tu afán por aprender retrasó tu enfermedad.

Desde los siete años participaste en un coro de tiples y desde entonces nunca perdiste el interés por la música, por el coro y por el canto gregoriano como nos recordaba Pedro Ardaiz. Inculcaste a tus hijos Eduardo, José Ángel y Amparo el gusto por la música y lo conseguiste, aunque no tanto con el solfeo.

Son muchos los momentos que hemos disfrutado a tu lado, unos muy buenos como cuando celebramos tus bodas de oro con Margarita en Santoña, y otros no tanto como cuando teníamos que convencerte de que estabas muy mayor para conducir.

Por último, lo que más nos satisface a toda la familia es que el viernes pudimos despedirte y agradecerte por última vez lo buen esposo, hermano, padre, tío y abuelo que siempre has sido. Tus nietos Helena, Javier, Sergio, Leyre e Irene siempre te recordaremos. Te queremos abuelo.

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