El día D

No me estoy refiriendo ni al desembarco de Normandía ni a la película sobre él, sino a la película que nos están ofreciendo los políticos en todos los platós de televisión y en todas las tertulias, y que ha llevado a todos los ciudadanos y periodistas a hacerse la siguiente pregunta: ¿qué pasará el día después del 26J?, ¿habrá pactos? Una cosa parece clara, en esta campaña de polarización, los dos líderes de los polos opuestos no presidirán el futuro gobierno que salga, o no, de las urnas del próximo domingo. Mariano Rajoy no continuará al frente del Gobierno y Pablo Iglesias y, por tanto Podemos, tampoco encabezarán ningún gobierno.

Rajoy no continuará salvo un imprevisible aumento significativo de escaños porque su crédito político se ha acabado. No importa que siga ganando las elecciones. Tras una larga trayectoria política en el PP que le ha llevado a ser diputado, Ministro de Administraciones Públicas, de Educación, de Interior, de Presidencia, Vicepresidente y Presidente de España en los últimos cinco años, Mariano Rajoy no será ni investido por el centro-derecha, Ciudadanos, que apuesta por otros candidatos del PP (Ana Pastor, Alfonso Alonso, Pablo Casado…) ni tampoco, por supuesto, por el PSOE.

Pablo Manuel Iglesias no será investido como Presidente porque la federación más importante del PSOE, la andaluza, no lo permitirá. En una federación en la que Felipe González es visto como el causante de todo lo bueno que le ha pasado a España en los últimos 40 años, se vería como surrealista votar a un señor que ha tachado a González de “tener el pasado manchado de “cal viva”, de asesino. Tampoco lo será porque hace un par de meses fue él el que impidió que España tuviera, de nuevo, un presidente socialista, y son muchos los dirigentes socialistas que, con razón, piensan que Iglesias solo piensa en una cosa: destruir al PSOE y apropiarse de su historia. De todas formas, que quiera esto tampoco es ilegítimo, aunque nunca lo vaya a reconocer. Y como ha afirmado categóricamente Patxi López, los socialistas “no lo van a permitir”.

Pedro Sánchez habla al oído de Patxi López en la sesión constitutiva del Congreso. - Imagen EFE

Pedro Sánchez habla al oído de Patxi López en la sesión constitutiva del Congreso. – Imagen EFE

A partir de estos dos hechos que para mí son claros, si bien en política todo puede pasar, lo que más condiciona la formación del próximo gobierno es que se produzca o no el famoso “sorpasso”. En caso de que se produzca, a Sánchez no le quedará más remedio que dimitir y, si se agarra a su silla, serán sus compañeros los que le echarán a gorrazos. Sin Sánchez y sin un liderazgo claro y con un claro riesgo de fragmentación y división dentro de las filas socialistas, lo más probable es que mediante una abstención el PSOE tome una decisión extremadamente complicada y permita un gobierno de alguien del PP distinto de Rajoy para garantizar que, al contrario que ellos, España no vuelva a entrar en una fase colapso.

Si no se produce el temido “sorpasso” y a no ser que el PP y Ciudadanos sumen o estén muy cerca de la mayoría absoluta, la situación sería muy parecida a la del 20D pero con una diferencia: pocas excusas le quedarían a Podemos para negar su voto a los socialistas en una investidura y propiciar unas terceras elecciones. Principalmente porque, como apuntan las encuestas, el PSOE y Podemos ahora sí estarían muy cerca de la mayoría absoluta y el apoyo de algún partido nacionalista sería relativamente fácil de conseguir teniendo en cuenta que el PSOE nunca aceptará un referéndum de independencia.

A partir de lo que he comentado y desde mi punto de vista, para los españoles que quieren que siga Rajoy, el PP es la mejor candidatura, para los que quieran que no siga Rajoy y que el Partido Popular se regenere, pero que haya un gobierno de derechas, Ciudadanos es la mejor candidatura, para los que quieran un giro en las políticas hacia la izquierda, Podemos y el PSOE representan su candidatura. Eso sí, como ya he dicho, a no ser que Podemos saque un resultado que doble sus actuales escaños, Podemos no encabezará ningún gobierno. Y lo que es peor, no sabremos con qué versión de Podemos y de sus dirigentes nos encontraremos después de las elecciones.

No sabemos si nos encontraremos al comunismo y al leninismo que defendían en su juventud y en sus inicios, el “sentido común” y la ideología “transversal” que defendían en el 20D o la socialdemocracia  de  la que ahora se intenta apropiar Pablo Iglesias. No sabemos si nos encontraremos a un gobierno que tenga al fracasado comunismo como ejemplo, o a uno que tenga a Zapatero. Desconocemos si aplicarán el revanchismo y el control político de los jueces que Monedero defiende en declaraciones como la de que “muchos jueces y guardias civiles están esperando la orden de un Gobierno para detener corruptos” frente  a  la separación entre el poder ejecutivo y el judicial que recogida en su programa.

No sabemos si nos encontraremos al Iglesias intransigente de la “cal viva”, al que saboteaba los actos de Rosa Díez y al que destituye fulminantemente de la noche a la mañana a la mano derecha de Errejón, o al que a mi modo de ver, engañosamente, insiste al PSOE en que ellos no son el enemigo, sino su amigo. Sin embargo, ahora los socialistas ya saben que si dejan que Podemos se transmute en amigo, les dará el abrazo del oso y les fagocitará. Eso no lo venden en su catálogo de Ikea. Lo que sí venderán y abandonarán a partir del lunes será la piel de cordero con la que se han vuelto a revestir durante esta campaña.

Pablo Iglesias se enfrenta con la bancada socialista. EFE

Pablo Iglesias se enfrenta con la bancada socialista. EFE

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