Discurso de graduación

El día 10 de mayo de 2016, yo mismo, Javier Larequi, y mis compañeros, Álvaro Munárriz e Ignacio Goyache tuvimos el inmenso honor de hacer el discurso de despedida de la Generación del 98 del colegio Liceo Monjardín, donde hemos convivido los últimos 15 años. Os lo dejo a continuación:

Qué curioso. No sé qué pasa hoy pero todos hemos venido arreglados, no vemos a nadie bostezar, todo el mundo está sentado, nadie masca chicle, nadie habla, nadie aplaude y, lo que es aún más sorprendente, ¡nadie ha llegado tarde! ¿Hemos madurado?

Chicos, ha llegado el momento que tanto hemos tenido y que tanto hemos ansiado: el momento de decir adiós; el momento de mirar al futuro, pero también de recordar el pasado, de recordar los quince intensos años que hemos vivido juntos en el Colegio Ursulinas. Sí, Ursulinas, porque probablemente somos una de las últimas generaciones que insistan en decir “Ursulinas” y no “Liceo Monjardín”. ¿Recordáis cuando en sexto de primaria nos comenzaron a avisar del cambio? Este cambio no nos gustaba a ninguno de nosotros, pero, como a todo, terminamos acostumbrándonos. Siempre nos han costado los cambios, y eso que a lo largo de estos años hemos tenido muchos, quizás demasiados, pero ninguno como el que estamos a punto de vivir, el más duro, pero al mismo tiempo el más emocionante.

Son tantas cosas las que hemos vivido gracias a nuestro colegio, Ursulinas, que es imposible plasmarlas en un solo discurso. Es un buen momento para recordar a todas las personas que nos han acompañado a lo largo de estos años, y también para apreciar a todas aquellas que siguen presentes a nuestro lado. Para recordar cada momento vivido en este centro: cada excursión, cada campamento, semanas unas veces de un color y otras veces de otro…. Tal vez olvidemos algunas de las cosas aprendidas aquí, como las tablas de multiplicar o la bien amada sintaxis, que algunos siguen (seguimos) sin entender. Sin embargo, creo que no nos equivocamos al afirmar que cada alumno se lleva de esta etapa algo mucho más importante: los valores que nos habéis enseñado. Por otra parte, cada profesor habrá aprendido a llevar su paciencia a un nuevo nivel, y seguro que también nosotros les hemos aportado algo nuevo.

Nuestro paso por el colegio podrá haber sido bueno en el caso de unos y no tanto en el de otros pero nunca habrá sido indiferente. Nunca habrá sido indiferente porque siempre quedarán en nuestra retina aquellos intensos días de nieve en la Semana Blanca y de agua en la Semana Azul, aquellas ampollas en los pies que pinchábamos en el Camino de Santiago y que un año después nos salían en las manos durante la Semana Verde. Nunca habrá sido indiferente porque nunca olvidaremos nuestros memorables villancicos, que siempre acababan con un << ¡Tongo, tongo! >> hacia el siempre injusto [Remarcándolo con tono irónico] vencedor,  los intercambios con Holanda e Italia, las visitas a la enfermería de la incombustible Paloma que durante tantos años ha sido el alma de este colegio. Y muchos, muchos momentos más.

De entre las 4 paredes de nuestras clases, que muchas veces se convertían en prisiones, hemos roto las cadenas de nuestra inmadurez, de nuestra inconsciencia, para liberar con vuestra inestimable ayudanuestras mayores pasiones, nuestras mayores capacidades, y comenzar a luchar por el futuro que nos aguarda por primera vez fuera de Ursulinas. Ahora, las peleas y discusiones de primaria, se han convertido en los más acalorados debates sobre todo lo humano y lo divino de bachiller. Ahora, los “Paz, paz para toda la humanidad” de infantil y primaria son más necesarios que nunca. Ahora, los << ¡Que venga Melchor, que venga Gaspar, que venga Baltasar!>> se han convertido  en “Qué viene la selectividad”.

Por muy pequeños que fuéramos entonces, hay momentos que siempre recordaremos. ¿Quién no se acuerda de Jon Olaizola subiendo aquel muro para decir a los de Sagrado Corazón que dejasen de lanzar piedras o de Edgar demostrando que además de ser un gran profesor, es conocedor de maniobras de primeros auxilios anti-canicas? Tampoco se le van a olvidar a nadie aquellos almuerzos de Navidad en los que teníamos que quedarnos en clase, ni cómo nos escapábamos para oír los villancicos de los cursos inferiores desde la capilla. Ya lo sentimos por los que habéis llegado en Secundaria o en Bachiller, pero… ¿Quién no se acuerda del dedo señalador de Juana Mari, de Víctor lanzando tizas, o de las múltiples novias de Ángel que eráis, por supuesto, todas vosotras? También los alumnos tenemos lo nuestro y es que, ¿Quién no se acuerda de Asier Montes gritando por los pasillos después de que Pablo Martinicorena le cortase con un cúter; de Alberto Pezonaga haciendo un número cómico de Gila; de Sara Eseverri que, por cierto, es claustrofóbica, encerrada en el baño del cole, de los desmayos y mareos de Jorge Aranda que a todos nos han asustado alguna vez, no lo neguéis, y de Leyre Ayllón sorprendiéndonos a todos con sus dotes flamencas?

En cuanto a todos nosotros, digamos que hemos tenido la gran suerte de poder formar parte de la Generación del 98, un grupo de compañeros que ha compartido tanto lo bueno como lo malo y que, a pesar de nuestras diferencias, siempre hemos puesto el factor humano por delante.  A pesar de las afinidades personales, que nos han llevado a formar nuestros grupos de amigos, nunca ha desaparecido la sensación de que hay muchas cosas que nos unen. Era cruzar el pasillo y siempre había buen rollo, un ambiente agradable para venir al colegio; incluso a veces (pero solo a veces, ¿eh?), nos apetecía. Deseamos, y estamos seguros de que así ocurrirá, que sigáis siendo como sois, sin olvidar de dónde venís, pero sabiendo hacia dónde vais; y si cambiáis,  que sea a mejor.

Y por todo ello, gracias; gracias a todos vosotros, compañeros, padres, madres, ya que el mayor regalo que podemos recibir es una educación basada en unos buenos valores y eso siempre os lo deberemos a vosotros y, por supuesto, personal no docente y profesores, por demostrar una y otra vez, año tras año, vuestra vocación para transmitirnos todos vuestros conocimientos y experiencias. Seguid así, porque <<la educación es el arma más poderos que puedes usar para cambiar el mundo>> como un día dijo Nelson Mandela. No olvidéis nunca los valores que nos han traído a todos hasta aquí; los valores del respeto, del esfuerzo, de la humildad y del compañerismo. Valores que nos habéis querido transmitir y que son, aunque no lo parezca, la base de una sociedad que, desgraciadamente, suele tener más en cuenta los resultados que el camino que conduce hasta ellos. Sin cultura, sin esos valores, sin generosidad, sin empatía y sin educación olvidaremos nuestra historia y olvidaremos lo que diferencia al ser humano de los animales: nuestra humanidad. Desde aquí queremos dar las gracias especialmente a nuestros tutores, Carmen, Roberto y Ana Belén, y enviar un recuerdo cariñoso a  Carlos Muñoz y Camino Labairu.

Se acabaron los <<Recordatorios>> de Carmen Iriarte, los <<Ay por favor>> de Miriam Iráizoz, los <<Aerrr>> de Jerusalén, las <<Preguntas, dudas, súplicas, ruegos, aclaraciones, alabanzas…>> de Arturo. Se acabó el <<Examen el lunes. ¡Halaa!. Ala no, pechuga>> de Luis San Martín, el << ¿Qué nos da si hacemos Endika por Endika? ¿Y Arkaitz por Arkaizt?>> de Nerea y el <<Luis, ¿hoy hay laboratorio? Supongo que sí; ayer, cuando pasé, estaba>> de Luis Pérez. Por último, cuántas tiritas poco efectivas puestas en nuestra frente por Paloma para hacer frente al dolor de cabeza…  Y cuántos relojes perdidos con Mariano…

No podemos acabar este discurso sin hacer una mención al futuro, porque cada uno de nosotros posee la capacidad de conseguir todo lo que se proponga, sabiendo que las cosas no llueven del cielo y que debemos ganárnoslas. Y cuanto más duro resulte, más esfuerzo y dedicación conlleve, más habrá merecido la pena. Nadie dijo que sería fácil, y es cierto que las cosas no saldrán como deseamos en muchas ocasiones, pero por ello siempre debemos mirar hacia delante, con actitud arrolladora, pero con humildad, como siempre nos habéis enseñado. Somos los profesionales del futuro, los que debemos cambiar el mundo para mejor, y eso solamente lo vamos a conseguir mediante el ejemplo; porque la opinión ya no basta; deberán conocernos por lo que hagamos, y no por nuestras palabras. El mundo ya ha cambiado; el mundo os pide ayuda porque necesita de personas que salgan a marcar la diferencia y no solo a cumplir sus obligaciones.

Es el momento de afrontar con valentía lo que viene, el momento de demostrar que todo lo trabajado este año no ha sido en vano, que todo lo trabajado estos 15 años no ha caído en saco roto. No temáis al fracaso, no temáis las barreras que aparecerán en nuestro camino, que serán muchas, no temáis los noes; luchad por los síes y ya sin esas cadenas, luchad por vuestros sueños. Han sido 15 años que llegan a su fin y dicho fin no es otro que la cena que celebraremos en un mes aunque, eso sí, esperamos que sea la primera de muchas más.

Nos gustaría que a lo largo de este discurso hayáis desempolvado el baúl de los viejos recuerdos, ya algo olvidados, que hayan reaparecido en vuestra cabeza los mejores planos, las mejores secuencias y las mejores escenas que han tenido como resultado la mejor producción, que sois vosotros , que somos todos nosotros, de Ursulinas. Hoy cerramos el primer capítulo de este camino al que llamamos vida. Mañana comenzamos la segunda parte del partido de nuestras vidas, que, tened por seguro, aún está por disputar.

¡Muchas gracias!

A continuación, os dejo un enlace al vídeo que han hecho Asier Montes, Juan Francisco Capitani y Ángela Barcellona con la orgullosa colaboración de todo el curso:

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