Historias del castillo de Olloqui, 3. El regreso del dueño

Eran las 8:oo de la mañana, estaba moviéndome por la cama debida a la pesadilla que había tenido en la que aparecía delante de mí el asesino que nos había hecho daño psicológicamente en anteriores ocasiones.

Después de comer, viendo el telediario, de repente sale una foto del asesino del castillo que había salido de la cárcel porque un desconocido había pagado la fianza de tres millones de euros. Cuando iba a llamar a todos mis compañeros sonó el teléfono, ellos se habían adelantado, era Asier como loco diciendo.

-¡Ahora qué hacemos!

Sin pensar muy bien contesté yo:

-A ver llama a todos los compas para que vayan con nosotros. Que se preparen con material de todo tipo que vamos a pasar allí unas cuantas nochecitas. A las 6:oo en la puerta del castillo.

Él dijo:

-Bueno vale pero estás como una cabra. Nos decapitará. Adiós.

Me despedí de Asier, avisé a mis padres, preparé un gran equipo y fui. Allí ya estaban Álvaro, Eneko y Jorge.

Jorge dijo:

-A ver si estás compinchado con el asesino. Me he traído un poco de patito feo. ¿Queréis?

No gracias, dijimos sin pensárnoslo dos veces Eneko, Álvaro y yo. Fuimos hablando de las últimas veces que estuvimos allí y partiéndonos de risa. Fue llegando toda la clase excepto Alex que, según Cristina, se encontraba con fiebre. Nos fuimos repartiendo en la entrada, yo y JJ que nos íbamos a encargar de abrir la puerta, David y Javier Esain nos cubrirían mientras que el resto estaría preparado con tirachinas y con bastantes piedras de repuesto por si acaso ocurriese un suceso inesperado, y dispararían cuando Óscar avisase. Abrimos JJ y yo la puerta sigilosamente mientras Óscar decía apunten pero tuvimos suerte y no había nadie. Pablo estaba comiéndose una deliciosa y crujiente chocolatina Crunch mientras los demás ideábamos un buen plan para volver a la habitación del rey e intentar descubrir algo más pero de repente una voz extraña se oyó.

Decía:

-Quién osa comer una mugrienta chocolatina en mi castillo. ¡Lo acabo de limpiar!

Y así bastante rato cada vez más alto. Hasta que Alicia dijo.

-Oye tranquilo que ya nos vamos.

Parecía voz de hombre pero no era la del asesino. Sin lugar a aviso salió de su escondite y Gracia dijo:

-Puaj, qué es eso un viejo o una rata gigante.

¡Quién ha osado decir eso!, esperad ya sé quiénes sois, sois los entrometidos que siempre me hacéis pagar un dineral para sacar a mi querido amigo de la cárcel aparte de husmear en mi habitación, por fin os conozco, esperad que llame a mi amigo je, je. Y de repente, Gracia desapareció.

Marta dijo:

-¿Cómo ha conseguido llevarse a Gracia?

Carlos dijo:

-Igual ha caído por una trampilla.

Álvaro dijo:

-No puede ser entonces hubiera gritado.

Bueno, ya es de noche deberíamos preparar el campamento y seguir investigando mañana dijo Daniel. Lucía dijo que si y recordó que al día siguiente Ángela vendría, nuestra antigua compañera de clase.

Era una mañana soleada y todos estábamos comiendo algo de comida mientras pensábamos cómo salvar a Gracia hasta que llegó Ángela y todas las chicas fueron gritando a saludarla. Venga señoritas buscamos a Gracia o nos quedamos aquí haciendo el tonto dijo algo enfadado Mikel Ibilcieta. Cuando íbamos a abrir la puerta aparecieron los padres de María García y dijeron que tenían que dejarnos con nosotros a Javier García, su hermano. Oh no, dijo María Gonzalo con cuidado de que los padres de la otra María no la oyeran. Le dijimos a Javier García que se quedará en el campamento y bueno tuvo que venir con nosotros. Le miramos con cara de odio a María García.

Cuando entramos Mikel M nos advirtió de que podría haber colocado trampas el desconocido que supuestamente había secuestrado a Gracia.

Saioa comentó a la vez que Marta:

-Chicos recordáis que el secuestrador mencionó que el castillo era suyo, igual es descendiente de Sancho el Fuerte, el rey Arturo o Morgan Black ya que descubrimos la vez pasada que vivieron allí.

Después de haberle explicado todo a Ángela lo entendió mientras Javier García me pegaba patadas en la espinilla. De repente el secuestrador apareció con Gracia, con el asesino y con 6 personas más, tiró a Gracia a donde estábamos los demás y entonces se abrió una trampilla espectacular por la que caímos todo que desembocaba en las cárceles. A los quince minutos aparecieron nuestros enemigos.

El secuestrador dijo

– Cada cuatro días 2 personas morirán empezando por los benjamines.

Al día pude escapar yo solo.

Continuará

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